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Radón en Canarias: lo que el sector empresarial debe saber

Radon chemical element, Sign with atomic number and atomic weigh

El gas radón es invisible, inodoro y, durante mucho tiempo, ha pasado desapercibido en la mayoría de los entornos laborales. Sin embargo, la evidencia científica y la nueva legislación europea lo han situado en el centro de las políticas de salud y seguridad ambiental.

A pesar de su origen natural, este gas puede acumularse en interiores y alcanzar concentraciones que representan un riesgo para la salud humana. En España, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) identifica más de 1.600 municipios como zonas de atención prioritaria por riesgo de radón, donde la medición y el control son ya obligatorios.

Para el sector empresarial, entender y gestionar este riesgo se ha convertido en una cuestión clave de cumplimiento normativo, sostenibilidad y bienestar laboral.

¿Qué es el gas radón y por qué representa un riesgo?

El radón se genera de forma natural a partir de la desintegración del uranio presente en el suelo, las rocas y las aguas subterráneas. Al ser un gas, puede filtrarse fácilmente en los edificios a través de fisuras, juntas de dilatación, tuberías o cimentaciones, especialmente en plantas bajas, sótanos o locales bajo rasante.

Su acumulación en espacios cerrados con ventilación deficiente puede alcanzar niveles que afectan directamente a la salud.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo reconoce como la segunda causa de cáncer de pulmón a nivel mundial y la primera entre personas no fumadoras.

El riesgo no depende solo del tipo de edificio, sino también de la geología del terreno. Las zonas con suelos graníticos, ígneos o volcánicos —como ocurre en buena parte de Canarias— pueden liberar más radón al ambiente.

Un nuevo marco normativo: Ley 2025 y Real Decreto 1029/2022

La legislación española ha evolucionado para alinearse con las directrices de la Unión Europea en materia de protección frente a radiaciones ionizantes.
El Real Decreto 1029/2022 y la Ley 2025 establecen que:

  • Todos los centros de trabajo ubicados en planta baja o bajo rasante dentro de municipios clasificados como de atención prioritaria deben realizar mediciones continuas de radón.
  • Las empresas están obligadas a registrar los resultados y conservarlos dentro de su plan de prevención de riesgos laborales.
  • Si se superan los niveles de referencia establecidos por el CSN, deberán adoptarse medidas correctoras: mejorar la ventilación, sellar grietas o incluso rediseñar zonas de uso.

Estas obligaciones afectan a todo tipo de instalaciones: oficinas, comercios, centros educativos, sanitarios, industriales o turísticos.
El objetivo es claro: garantizar la seguridad y la salud de las personas trabajadoras.

Canarias: un entorno que requiere especial atención

Según un reportaje de Diario de Avisos, el Gobierno de Canarias y el Consejo de Seguridad Nuclear han iniciado un plan conjunto para medir los niveles de radón en los 88 municipios del archipiélago.
Aunque las autoridades insisten en que “no hay motivo de alarma”, sí reconocen la importancia de analizar municipio por municipio, dado que las características volcánicas y la composición del suelo pueden aumentar la presencia del gas.

El director general de Salud Pública, José Luis Pérez, lo resumía así:

“No estamos preocupados, pero sí ocupados en conocer y controlar el riesgo del radón en Canarias.”

Este enfoque preventivo es clave. La composición geológica del archipiélago —rica en materiales que pueden liberar radón— hace recomendable que cualquier empresa con zonas bajo rasante o de escasa ventilación evalúe sus niveles de exposición, incluso antes de que la normativa lo exija expresamente.

¿Qué deben hacer las empresas?

El riesgo del radón puede gestionarse de forma sencilla si se adoptan las medidas adecuadas. Estos son los pasos recomendados:

  1. Identificar si el municipio se encuentra en una zona de atención prioritaria.
    El listado oficial está disponible a través del Consejo de Seguridad Nuclear.
  2. Analizar las características del edificio.
    Las plantas bajas, garajes, sótanos y zonas con ventilación limitada deben considerarse prioritarias.
  3. Realizar mediciones de radón.
    Se recomienda emplear detectores homologados o servicios acreditados para obtener resultados precisos.
  4. Integrar los resultados en el plan de prevención de riesgos laborales.
    Esto demuestra cumplimiento y permite un seguimiento documentado.
  5. Aplicar medidas correctoras si los niveles superan el umbral establecido (habitualmente 300 Bq/m³).
    Mejorar la ventilación o sellar filtraciones puede reducir significativamente la concentración.
  6. Revisar periódicamente los niveles.
    La concentración de radón puede variar con el tiempo, por lo que conviene establecer una rutina de control anual o bianual.

Un compromiso con la salud, la sostenibilidad y la confianza

La atención al radón no es solo una cuestión legal, sino una oportunidad de liderazgo responsable.
En un contexto empresarial donde la sostenibilidad, el bienestar y la transparencia son valores diferenciales, garantizar espacios saludables refuerza la reputación corporativa y la confianza de empleados y clientes.

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