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Radón en Canarias: el riesgo invisible que debemos conocer

Radón en Canarias el riesgo invisible que debemos conocer

El radón es un gas radiactivo de origen natural que constituye uno de los principales riesgos ambientales en interiores. Su presencia no es excepcional, sino inherente a determinadas condiciones geológicas, y puede alcanzar concentraciones significativas en edificios sin que existan indicios perceptibles.

En Canarias, debido a su origen volcánico y a las características del subsuelo, el radón adquiere una relevancia particular. La evidencia disponible indica que una parte significativa del territorio presenta potencial elevado, y que un porcentaje relevante de la población podría estar expuesto a niveles superiores al valor de referencia establecido en la normativa española .

Este artículo tiene como objetivo explicar qué es el radón, por qué es especialmente relevante en Canarias y por qué resulta imprescindible avanzar en su medición y gestión.

Naturaleza del radón y comportamiento en interiores

El radón (Rn-222) es un gas noble radiactivo que se genera de forma natural en la cadena de desintegración del uranio-238 presente en suelos y rocas. Debido a su naturaleza gaseosa, puede desplazarse a través de los poros del terreno y alcanzar la superficie, donde puede infiltrarse en los edificios.

Desde el punto de vista físico, presenta tres características clave:

  • Es invisible, inodoro e insípido, lo que impide su detección sin instrumentación específica
  • Tiene una vida media suficiente para acumularse en espacios cerrados
  • Sus productos de desintegración emiten radiación alfa, con capacidad de producir daño celular en el tejido pulmonar

La acumulación de radón en interiores depende de múltiples factores, entre los que destacan:

  • La concentración en el subsuelo
  • La permeabilidad del terreno
  • Las condiciones de ventilación del edificio
  • Las características constructivas

Como consecuencia, dos edificios próximos pueden presentar concentraciones significativamente diferentes.

Singularidad geológica de Canarias

El contexto geológico de Canarias introduce factores específicos que condicionan el comportamiento del radón.

El archipiélago está constituido por materiales volcánicos relativamente recientes, caracterizados por:

  • Alta porosidad y permeabilidad
  • Presencia de fracturación y discontinuidades
  • Existencia de procesos de desgasificación difusa

Estas condiciones facilitan la migración de gases desde el subsuelo hacia la superficie. En determinadas zonas, este fenómeno puede dar lugar a concentraciones elevadas en el interior de los edificios, especialmente cuando existen vías de entrada y condiciones de baja ventilación.

Los datos disponibles muestran que aproximadamente el 19% del territorio autonómico se encuentra en zonas de actuación prioritaria, definidas en función del potencial de superar niveles de referencia, y que una fracción relevante de la población podría estar expuesta a concentraciones superiores a 300 Bq/m³ .

No obstante, es importante subrayar que estos valores corresponden a estimaciones territoriales. La única forma de conocer la concentración real en un edificio concreto es mediante medición.

Mecanismos de entrada en los edificios

El radón accede al interior de los edificios principalmente desde el terreno. Los mecanismos más habituales incluyen:

  • Grietas en losas y muros en contacto con el terreno
  • Juntas de construcción
  • Pasos de instalaciones (saneamiento, electricidad, telecomunicaciones)
  • Cámaras sanitarias y espacios no ventilados

La diferencia de presión entre el interior del edificio y el terreno favorece la entrada del gas, especialmente en condiciones de baja ventilación o en edificios con elevada estanqueidad.

Por este motivo, los espacios con mayor probabilidad de acumulación son:

  • Plantas bajas
  • Sótanos
  • Locales semienterrados

Este aspecto resulta particularmente relevante en tipologías edificatorias frecuentes en Canarias, tanto en el ámbito residencial como en edificios públicos.

Impacto en la salud

El radón está clasificado como carcinógeno de grupo 1 por la Organización Mundial de la Salud. La evidencia científica demuestra su relación directa con el cáncer de pulmón.

El mecanismo de acción se basa en la inhalación de los productos de desintegración del radón, que se depositan en el epitelio bronquial y emiten radiación alfa, capaz de producir daño en el ADN celular.

Los principales aspectos a considerar son:

  • El riesgo aumenta con la concentración y el tiempo de exposición
  • Existe una relación aproximadamente lineal entre concentración y probabilidad de desarrollar cáncer de pulmón
  • El efecto es acumulativo y a largo plazo
  • El riesgo se multiplica en presencia de tabaquismo

En términos de salud pública, el radón constituye la segunda causa de cáncer de pulmón tras el tabaco y la primera en personas no fumadoras.

La importancia de la medición

Dado que el radón no puede detectarse por medios sensoriales, la medición es el único método fiable para evaluar la exposición.

Existen dos enfoques principales:

Medición pasiva
Se realiza mediante detectores integradores (como CR-39) durante periodos prolongados, lo que permite estimar la concentración media anual.

Medición activa
Se basa en dispositivos electrónicos que registran la concentración en tiempo real, permitiendo analizar variaciones temporales y detectar patrones.

Desde el punto de vista técnico, la medición debe diseñarse teniendo en cuenta:

  • La duración (preferiblemente varios meses)
  • La ubicación de los detectores
  • Las condiciones de uso del edificio
  • La estacionalidad

La interpretación de los resultados debe realizarse en relación con el nivel de referencia establecido en la normativa vigente.

Evolución hacia la monitorización continua

En los últimos años se ha producido un cambio de enfoque en la gestión del radón. La medición puntual, aunque necesaria, resulta insuficiente para caracterizar completamente la exposición.

El radón presenta variabilidad temporal asociada a factores como:

  • Condiciones meteorológicas
  • Uso del edificio
  • Sistemas de ventilación
  • Presión atmosférica

Por ello, la tendencia actual se orienta hacia la monitorización continua y la gestión dinámica del riesgo.

Entre las soluciones más avanzadas para la monitorización en tiempo real del gas radón destaca IWIP DATZN, una plataforma integral que permite la adquisición continua de datos, su análisis en la nube y la generación de alertas e informes orientados al cumplimiento normativo y a la toma de decisiones.

Este tipo de herramientas facilita la integración del control del radón en estrategias más amplias de calidad del aire interior y gestión ambiental.

Prevención y mitigación

El radón es un riesgo controlable mediante la aplicación de medidas técnicas adecuadas.

En edificios existentes, las soluciones más habituales incluyen:

  • Mejora de la ventilación
  • Sellado de puntos de entrada
  • Sistemas de despresurización del terreno

En obra nueva, la prevención resulta especialmente eficaz mediante:

  • Instalación de barreras antirradón
  • Diseño de cámaras ventiladas
  • Control de la interacción suelo-edificio

La selección de la solución más adecuada depende de factores como la tipología constructiva, la concentración inicial y las características del terreno.

En muchos casos, es posible lograr reducciones significativas de la concentración mediante intervenciones relativamente sencillas.

Marco normativo en España

El marco regulador del radón en España se basa en la transposición de la Directiva 2013/59/Euratom.

El Real Decreto 1029/2022 establece un nivel de referencia de 300 Bq/m³ como promedio anual en recintos cerrados, aplicable a viviendas, edificios públicos y lugares de trabajo.

Adicionalmente, el Código Técnico de la Edificación incorpora exigencias específicas para la protección frente al radón en determinadas zonas del territorio.

Este marco implica la necesidad de:

  • Evaluar la exposición en edificios situados en zonas de riesgo
  • Implementar medidas correctoras cuando se superan los niveles de referencia
  • Integrar el control del radón en la gestión preventiva

Conclusiones

El radón es un riesgo ambiental bien caracterizado desde el punto de vista científico y regulatorio, pero que continúa siendo insuficientemente considerado en muchos contextos.

En Canarias, la combinación de factores geológicos y constructivos hace que este riesgo deba abordarse de forma específica y sistemática.

La clave para su gestión eficaz se basa en tres elementos fundamentales:

  • Conocimiento del riesgo
  • Medición adecuada
  • Aplicación de medidas correctoras cuando sea necesario

El desarrollo de tecnologías de monitorización continua permite avanzar hacia modelos de gestión más precisos y eficientes, integrando el control del radón en estrategias globales de salud ambiental y calidad del aire interior.

En este contexto, la concienciación y la adopción de herramientas adecuadas resultan esenciales para reducir la exposición y proteger la salud de la población.

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